LILIA SÁNCHEZ CABRERA

Recordando una historia de muchos años que todavía no concluye… Image

Quiero hablar de mi mamá. Deseo de corazón, decir todo lo bueno que ha significado en mi vida. Rendirle homenaje porque no me queda duda que lo merece.


Nació en Tampico, Tamaulipas el 11 de noviembre de 1929 cuando el país era gobernado por el tamaulipeco Emilio Portes Gil, cubierto por la sombra del poderoso Plutarco ElÍas Calles. Era una época donde México respiraba nuevos aires, tranquilidad y esperanza. Tampico era un puerto a donde llegaba gente de todo el mundo. Venían de España, de Siria y Líbano. Todos en busca de fortuna y con ansias de estabilidad.


Su padre un comerciante emprendedor que en pocos años perdió el rumbo y deshizo la familia como muchos mexicanos irresponsables que sacrifican las vidas de sus hijos sin misericordia ni conciencia. Su madre, una mujer ejemplar, sufrida, resistente. 


Lilia tuvo un gran hermano, solidario e inteligente. Eran los dos muy jóvenes cuando al terminar Rafael, la preparatoria y Lilia estudios comerciales su padre decidió mandarlos a México, la capital del país a seguir sus caminos. Tomaron los dos, aquella decisión con mucha nostalgia y tristeza. Les dolía salir de Tampico pero no se opusieron. Pronto entendieron su situación y empezaron a disfrutar su nueva realidad. México los encantó desde los primeros momentos.


Llegando a la capital Rafael entró a la UNAM a estudiar Medicina. Lilia inmediatamente encontró trabajo en la empresa mueblera de un primo. Lerdo Chiquito. Lilia era excelente para la contabilidad. Vivian con la familia de su padre muy incómodos. Encontraron un sistema de vida muy diferente al que ellos estaban acostumbrados. No les gustó el trato que les daban.


En unos meses Lilia conoció a Luis Fernando Bolívar Terrazas, amigo de su primo Guillermo, los dos estudiantes de medicina en la UNAM. Fernando era un joven de 22 años y Lilia casi cumplía 16, no pasó ni siquiera un año cuando se convencieron que lo mejor era casarse. Juntos conocieron el amor y soñaron en grande. La boda se llevó a cabo el 8 de mayo de 1945


A partir de ese día Lilia se sintió feliz. Enlazó su vida a la de Fernando y juntos fueron construyendo su futuro.  Vivió unos años al lado de don Ángel, su suegro y Carlos su cuñado, la mejor compañía que conoció en su vida. Vivieron en San Miguel Chapultepec. La generosidad de don Ángel nunca les faltó y mucho menos sus atenciones y cariño. Carlos era otro hermano solidario que la acompañaba al centro de la ciudad a hacer sus compras y descubrir aquel mundo que ella no conocía. Mientras, Fernando terminaba su carrera de Medicina y fraguaba su vida política. Pasión que los dos compartían y disfrutaban.


 Nos contaron siempre la emoción de presenciar la inauguración del Estadio de la UNAM, su afición a las corridas de toros. Vieron en el ruedo a todos los grandes de su época, vitorearon a Manolete, a Carlos Arruza, a Silverio Pérez. Llegaron a ser compadres de Joselito Huerta. 


Les encantaba la vida nocturna de la ciudad de México, estaban al tanto de los tablados flamencos, nunca dejaron de disfrutar a Juan Legido y a Lola Flores en Gitanerías


Escucharon a todos los de su época: Virginia López, Raphael, los Hermanos Silva, la Sonora Matancera, Celia Cruz. Era muy común oir en la casa el 11 de noviembre a los Hermanos Michel que venían a cantarle las mañanitas. Todas las temporadas del Teatro Iris y el Blanquita asistían a sus espectáculos. Vieron a a los Churumbeles de España, a Agustín Lara y su orquesta de solistas. Muchos años disfrutamos a Lolita de la Colina, su prima hermana en el Show de Apache 14 con Carmela y Rafael.


Lilia era la fuente de inspiración de la vida del doctor Bolívar, en los primeros 25 años de vida matrimonial siempre estuvieron juntos. Planeaban el futuro inmediato unidos en su fantasía. Sus ejemplos en la medicina y la política fueron el Dr. Gustavo Baz,  Norberto Treviño Zapata, Ignacio Chávez, Raoul Fournier. 


Viajaron a Sonora en 1953 a cumplir un encargo de Treviño Zapata. Fueron felices conociendo la provincia mexicana y viviendo nuevas experiencias. En Hermosillo nacieron 3 de mis hermanas. Ahí les fue muy bien.


Volvieron a México en 1957 gracias a que Gustavo Baz invitó a Fernando a participar en su gobierno. Llegó a la presidencia municipal de Tlalnepantla con 33 años y su esposa con 28, a pesar de su juventud hicieron juntos un muy buen trabajo.


La década de los años 60’s trajo para ellos momentos  de  gran felicidad, el nacimiento de su único hijo hombre; y también de profunda desesperación. Un fatal accidente ocurrido a su hija Susana donde perdió la vista marcó la vida familiar y melló hondamente su presente y su porvenir.  Dudaron de todo, se repetían incansablemente: no hay felicidad completa, por qué a nosotros, este infortunio.


En los 70’s toda su vida cambió, una decepción política y la audacia de Fernando los llevó

a cambiar su residencia a California. En San Diego encontraron nuevos aires y nuevos sueños. Lilia después de vivir una vida 100% de ama de casa comenzó a trabajar en la oficina de Turismo. No fue experiencia fácil pero la hizo crecer e independizarse. 


Lilia vivió décadas hasta hoy día muy diferentes. Se entregó de lleno a vivir por Susana. Cada uno de sus hijos tomó caminos diferentes. Una vida que nadie imaginó. 


Vivieron una vida plena en donde hubo alegría, optismo y un mundo en donde los sueños no tenían límites. Eran una pareja feliz, igual salían a bailar danzón como  pasear a Lilí, su primera hija, en el Bosque de Chapultepec. 


Siempre tuvieron una visión optimista de la vida. En la casa nunca faltó alegría aun cuandono pudieron librarse de la crueldad del destino...



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